Escuela de pueblo en 1848 de Albert Anker (1896)

Escuela de pueblo en 1848 de Albert Anker (1896)
Escuela de pueblo en 1848 de Albert Anker (1896)

Viviana Bernath: “El hombre es una interacción entre biología y cultura”



 Viviana Bernath, bióloga molecular y autora de ADN. El detector de mentiras, analiza el papel de los genes en la identidad, los problemas que plantea la tecnología y la “implantación” de nuevos modelos de familia.

Fue la curiosidad humana, no científica, la que llevó a la bióloga molecular Viviana Bernath a interesarse por el impacto que tienen los estudios de ADN en la vida de las personas. ¿Qué ocurría con ellas, luego de que abrían un sobre que descartaba un parentesco? ¿O cuando, por el contrario, arrojaba 99,9996 de fiabilidad? “En un momento, se me dispararon inquietudes como cuál era la implicancia de mi trabajo, más allá de los resultados que obtenía en un laboratorio”, explica Bernath, quien, desde 1992, ha participado en la resolución de más de cinco mil casos de filiación y pericias de distinto tipo. 
En el Centro de Genética y Biología Molecular Genda, del cual es cofundadora y directora, realiza unas 60 paternidades por mes. Gracias a procedimientos como éstos, se entrevistó con sus protagonistas y tomó nota de sus historias. Así escribió ADN. El detector de mentiras (Debate), libro que salió a la venta recientemente, y en el cual narra una docena de casos (de adopción, sustitución, enfermedad, donación de óvulos y espermios) que ejemplifican los alcances que tiene la aplicación del ADN. Todos atravesados, de una forma u otra, por mentiras, ocultamientos o verdades encubiertas.
En 2007, Bernath había publicado La identidad. Historias reales del ADN, su primera incursión en el tema, donde incluyó testimonios que ilustraban cómo los estudios de ADN contribuían a esclarecer desde parentescos hasta asuntos policiales. En su nuevo proyecto examina, además, el efecto cultural y social que producen los tests, así como su futura repercusión en la sociedad. Y se pregunta por el verdadero papel de los genes en la construcción de la identidad de las personas.

Sentada en una oficina del barrio de Belgrano, Bernath, una mujer rubia y menuda de 49 años, asegura que el ADN es fascinante, “porque es una revolución científica; un mundo diferente que atrapa, inquieta... Nací con la biología molecular, de alguna manera. Soy de la primera generación de biólogos moleculares de la Argentina, de 1986. Todas estas técnicas datan del año 85 al 90. La descripción de la doble hélice se hizo en 1953… Me gusta ir acompañando este crecimiento”, comenta con entusiasmo esta especialista en genética humana.
 
¿Cómo ha ido evolucionando el tema?
La herramienta no cambió: era, es y seguirá siendo la misma. Ahora está muy masificada y la gente accede a ella más rápidamente. También ocurre que las personas se hacen más preguntas que hace quince años no se hacían. Por ejemplo, los adoptados que se preguntaban por su origen, en otra época tal vez no salían a buscarlo, porque no había manera de corroborar ese vínculo. Hoy, la existencia de la prueba estimula ese impulso. En el caso de las aventuras amorosas, no es que sean distintas, pero de esa historia puede nacer un hijo y determinarse si es del esposo o del amante. Hay una necesidad de no quedar con el interrogante.

¿Cuáles son las consultas más frecuentes, además de las madres que demandan el reconocimiento de un hijo?
Vínculo de paternidad en ausencia de madre. O sea, un padre duda de si es el papá de determinado hijo, y concurre con éste. Muchas veces lo hace a espaldas de la madre. Para preservar al chico, el padre tiene que demostrar con una documentación que, efectivamente, hay una vinculación entre ellos. Después, hay casos de hermandad, aunque la respuesta es muy difícil de determinar, desde el punto de vista estadístico.

¿Qué pasa con la mentira?
La mentira es un común denominador en los casos de búsqueda del origen biológico. Vi, por ejemplo, que si los adoptados van tras esto, es porque hubo una mala comunicación de los padres de crianza en cuanto a cómo los consiguieron. O porque vivieron en la mentira. El ADN da la posibilidad de terminar con eso… Ahora es muy frecuente que aparezca un hijo por una sucesión, lo cual antes era imposible. Es homologable a la adopción. Antes, decirle a un chico que era adoptado era terrible. Hoy, casi ninguna pareja adopta a un hijo sin decírselo. Lo importante es la verdad.
 
¿Cómo se relacionan ADN e identidad?
El ADN es el que aporta la identidad biológica, pero la identidad es mucho más que eso. Es una construcción en la que colabora cada experiencia cotidiana. Lo que pasa es que hay determinadas características que están inscriptas en el ADN, pero son pocas.

O sea que no opina que el ADN es todo, como hacen muchos científicos…
Para nada. Sí creo que si uno tiene ciertas enfermedades, las tiene. Están determinadas y uno no puede evitarlas. Hay rasgos físicos que no se pueden quitar. Si uno es morocho, es morocho. Si uno es rubio, es rubio. Puede transformarlo: teñirse, pero las cualidades determinadas existen. Hay otras características que tienen que ver con la personalidad y se pueden trabajar. El hombre pertenece a una cultura y tiene conciencia para actuar. Es una interacción entre la psicología, la sociología, la historia, la cultura y la biología.

Bruce Lipton, biólogo molecular estadounidense, habla de la “epigenética” (lo que está más allá de los genes: el medio ambiente y su impacto). Dice que creencias y pensamientos afectan nuestro ADN, y que el cambio en la manera de percibir el mundo modifica nuestra biología.
Estoy totalmente de acuerdo. El medio ambiente es fundamental. Es lo que hace que seamos como somos. Los deterministas (de la sociobiología o “darwinismo social”) creen que todo está predeterminado: la religión, la guerra, y a todo le encuentran una vuelta desde los genes y desde los biológico. Los no deterministas, en cambio, que piensan que el hombre es cultural y va definiendo cómo quiere ser, en términos de comunidad, sostienen que no está unilateralmente determinado por la fuerza de la biología y, justamente por esto, se diferencia de otras especies, con la sensibilidad, personalidad y angustia de cada cual.
 
¿Qué ocurre con los gemelos?
Son la prueba de que el medio ambiente es fundamental. Si uno toma dos gemelos (que son exactamente iguales desde el punto de vista biológico), criados en dos familias o culturas diferentes, son personas diferentes. Lo que seguro va a pasar es que si, por ejemplo, uno se enferma de fibrosis quística, el otro también lo hará. Y esto es porque la enfermedad se transmite por los genes, porque hay una mutación que es responsable. Y eso no se puede modificar.

¿Qué problemas plantean las tecnologías de ADN en el siglo XXI?
No caer en el mal uso. Hay enfermedades terribles como la corea de Huntington (que provoca alteraciones motoras, muecas repentinas y demencia) que si el hombre la padece, tiene el 50 por ciento de posibilidades de transmitírsela a su hijo. Es una enfermedad que hoy no se puede curar. Entonces ahí está el dilema: ¿es bueno saber por adelantado que se tiene o esperar a que llegue el momento de que se dispare? Y que a lo mejor no llega nunca. Hay gente que piensa que sí... Todas las enfermedades vinculadas a diagnósticos son fuertes. Existen screenings prenatales. Puede averiguarse si el embrión es sano, cuando en una familia se está transmitiendo una enfermedad hereditaria. Ahora, ¿cuál es el límite?

Se refiere a no caer en la banalización...
Claro. Hacer un buen uso de la tecnología. En mi libro, en el caso de la corea de Huntington, hay un uso racional del diagnóstico. La pareja decide no arriesgarse y tener una hija adoptiva. Luego, ella queda embarazada por accidente, entonces él quiere saber si su hija biológica tiene la enfermedad y el resultado es “no”. Cuando existe la posibilidad de saber, es un uso responsable averiguar, traer hijos que sean sanos… Según mi posición, está bueno cortar con enfermedades que son tan terribles.

¿Qué otros dilemas entrañaría?
¿Cuánto vamos a saber de un embrión, antes de implantarlo en una mujer?, por ejemplo. ¿Sería bueno excedernos y averiguar si hubiera un pool de embriones de una pareja, con ojos marrones y ojos azules? Y que el hombre o la mujer diga: “¿Sabes qué? Implantemos los ojos celestes y no los marrones…”

Existe el dicho “madre hay una sola”. ¿Los hijos de donantes lo derriban?
Actualmente tiene que hablarse de función: paterna o materna. Cada vez más nacen hijos producto de una mujer que engendra un hijo proveniente de la donación del óvulo de otra mujer y de un espermatozoide de su pareja. Ese hijo va a nacer y, desde el punto de vista biológico, será hijo de una desconocida. Pero la función maternal va a ser de la madre. Uno debería dar el valor a quien mantiene el vínculo de maternidad con ese hijo, porque, en términos reales, la madre es la que lo cuida. Y ahora hay hijos nacidos de la fertilización in vitro, de donación de embriones o de madres solteras.
 
¿Qué ocurre con la mirada tradicional tan extendida que ve en los hijos la consagración del amor?
Yo creo que un hijo producto del amor también es una construcción cultural. Antiguamente, hubo culturas donde los hijos eran hijos de la tribu, no eran de la pareja… A medida que pasa el tiempo y al nacer tantos hijos que no comparten la biología con sus padres, comienza a tener más valor el vínculo, la relación en cuanto a la maternidad o paternidad, que la identificación biológica con esa madre o padre originarios.

¿La sociedad actual está preparada para una generación de chicos nacidos por donantes?
Sí, se está preparando. Estamos incorporando un nuevo modelo de familia, que la sociedad acepta debido a un cambio cultural en el cual la necesidad de conocimiento de la identidad biológica dejaría de jugar un papel determinante en la configuración de la identidad personal… A medida que pierda peso cultural la incidencia biológica, tal vez la identidad no sea homologable al origen sino a la crianza… Yo lo veo en mis hijos de 17, 19 y 22 años, que ya piensan de otra manera. Tienen amigos que son parejas homosexuales. No me sorprendería que se vuelva natural para ellos ver una pareja de madres solteras con hijos producto de donaciones de espermas. O de dos hombres que inseminen con el semen de uno un óvulo donado, y una mujer que done el vientre.

Como en el caso de Ricky Martin y su novio…
Sí… Me parece que los pibes son mucho más abiertos. Y lo están aceptando. Y ése es el cambio cultural que estamos viendo. Hay una mayor naturalidad en aceptar los nuevos vínculos y las nuevas concepciones de familia. Hay gente que se pregunta: “¿Un hijo con dos hombres se puede criar igual de bien que uno con una madre y un padre?” Y se olvidan de cuántos conflictos hay en los hijos con una madre y un padre… El que alguien sea criado en una familia tradicional no es garantía de nada.
 
¿Está todo dicho sobre el ADN?
No… Si tuviera que decir para dónde vamos, diría que de acá a veinte años, habría que corroborar qué pasa con el peso cultural y la identidad biológica de los hijos. En lo que seguro vamos por mucho más es en el tema de las enfermedades: enfermedades genéticas para las cuales no hay cura y mecanismos moleculares del cáncer o de la corea de Huntington, para poder combatirlos. Me gustaría que llegue un momento de reversión de las enfermedades genéticas: que se puedan cambiar unos genes en una persona, para que deje de ser enferma y pueda ser sana. No lo veo posible, pero todo avanza tan rápido que algún día tendrá que pasar

IDENTIDAD VERSUS INTIMIDAD
En su libro, Bernath, quien fue asesora en la Comisión Nacional por el Derecho a la identidad (Conadi), dedica un capítulo a Identidad Social e Identidad Biológica, y narra casos de sustitución, adopción y apropiación. A los dos hijos de detenidos desaparecidos que dan sus testimonios acá, ella no les tomó los estudios de ADN, porque éstos se hacen en el Banco Nacional de Datos Genéticos. De todas formas, le pareció evidente incluirlos. “En un país como el nuestro no se puede dejar de hablar por ahora de los casos de desaparecidos. Porque es un lugar donde el ADN fue absolutamente imprescindible”, subraya.

Para usted, ¿el derecho a la identidad está sobre el derecho a la intimidad?
Yo marco el derecho a la identidad que tiene cada uno, que está sobre el derecho a la intimidad, en casos de lesa humanidad, porque hay que resolver primero el delito… Si bien mucha gente discute qué debe preponderar, para mí, en estos casos no hay duda… respetando después lo que estas personas, que son adultas, quieran hacer. A la familia biológica que está buscando a sus nietos hay que darle respuesta.

¿Cómo seleccionó los casos?
Con Mariana (Herrera), mi socia, habíamos estado cerca de Abuelas. Para mi primer libro les pedí tres casos. En 2008, cuando comencé a escribir mi segundo libro, había un tema de allanamiento que estaba dando vueltas. Y me permitía plantear otras preguntas. Así surgió el nombre de Alejandro Sandoval Fontana (el nieto número 84 recuperado).

Al principio, él se mostró muy reacio a conocer su origen, porque quienes lo criaron le habían dado todo. ¿Qué sucedió después?
Ahí fue la mentira lo que dio vuelta a este chico. Más allá de que su apropiador fuera militar, si la madre de crianza hubiera manejado las cosas de otra manera, no sé si se habría enojado tanto con ella.

El caso de Martín Amarilla impacta, porque su madre lo concibió en cautiverio. Y nadie de su familia, incluidos sus tres hermanos mayores sabía de su existencia.
Sí, él y Alejandro fueron muy tiernos y abiertos a contar su historia... Es curioso, porque los hijos de desaparecidos quieren parecerse a sus padres biológicos. Amarilla tocaba el acordeón. Y descubrió que de chica su mamá también lo tocaba. También dijo, como cuento en mi libro, que su mirada del mundo (distinta a la de sus padres de crianza) le venía de algún lado. Se preguntaba: “¿Será genético?”… Es muy difícil separar lo que es medio ambiente (porque los padres que lo criaron también deben haberle transmitido cosas) de lo que es genético. Y también del deseo… Es algo que genera ternura.
 

UNA HERRAMIENTA PODEROSA
Es sabido que, además de establecer parentescos, las pruebas de ADN ayudan a resolver delitos. Un ejemplo incluido en el libro ADN. El detector de mentiras es el caso de una chica de 14 años, que es violada en su casa por un asaltante que luego resulta ser su cuñado.
Cuando la familia se reúne para discutir lo ocurrido, la víctima tiene sospechas de que se trata de él, por el color del pantalón que lleva puesto (y que ella alcanzó a ver de reojo, mientras la ultrajaba) y por el olor del perfume que usa. Más tarde, un estudio de ADN corroboraría que la chica estaba en lo correcto.
“Acá hay dos puntos: primero, el tema que en sí mismo es importante, ya que el 60 por ciento de las violaciones se produce en la familia. Algo muy representativo, porque en la Argentina se habla mucho de inseguridad o de violaciones en la calle, cuando en verdad, se está tapando esta realidad”, dice Bernath. Y continúa: “No hay duda de cómo el ADN puede revelar la identificación: una muestra de ADN tomada (del cuerpo y la bombacha) de la chica coincide con la del sospechoso. La herramienta es irrefutable, poderosa. Antes, una violación intrafamiliar como ésta, jamás se hubiese revelado”.