Escuela de pueblo en 1848 de Albert Anker (1896)

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Escuela de pueblo en 1848 de Albert Anker (1896)

domingo, 30 de marzo de 2014

El cambio de hora, el cambio de huso, el horario de verano y la geopolítica.

Hoy 30 de marzo se ha celebrado en España el 'Día de los Horarios' y se han realizado actos reivindicativos en Madrid, concretamente en su emblemática Puerta del Sol, y en otras ciudades para apoyar la petición una Comisión del Congreso para la racionalización de los horarios laborales y solicitar al Gobierno que en la noche del 29 al 30 de marzo no se efectúe el previsto cambio al horario de verano, lo que nos situaría automáticamente en la hora de Greenwich.

Si efectuamos ese cambio de huso, retrasando así una hora el reloj, terminaríamos antes de trabajar, con lo cual dispondríamos de más tiempo para conciliar la vida personal, familiar y laboral. Ello nos permitiría volver a comer a la una y cenar a las ocho, como ocurría en nuestro país hasta los años 30 del siglo pasado y sucede hoy las demás naciones europeas. Este cambio no conlleva coste alguno y no incide en los ritmos biológicos de los ciudadanos, ya que adaptaría el reloj al horario solar de España.

A vueltas con el cambio de hora, os habéis preguntado alguna vez porqué nuestra hora coincide con la de los países de Europa Central y no con la de los países de Europa Occidental. 


Veamos: nuestro país es atravesado por el meridiano de Greenwich a la altura del Levante español. Concretamente, el meridiano de Greenwich pasa por las provincias de Huesca, Zaragoza y Teruel (Aragón), y por Castellón y Alicante (provincias de la Comunidad Valenciana). La mayor parte de nuestro territorio peninsular se sitúa al Oeste del meridiano de Greenwich y el resto la mayor parte de la Comunidad Valenciana, Aragón, y toda Cataluña y Baleares al Este de dicho meridiano.
En dicha situación los países deciden políticamente, en primer lugar, adoptar la hora de uno de los dos husos horarios con el fin de favorecer las comunicaciones por motivos políticos y económicos evidentes  y, en segundo lugar, a cuál de las dos husos horarios se decide pertenecer por razones geopolíticas, esto es, se decide con qué otros países se quiere favorecer las comunicaciones.

Ya que no pensamos dar nada por supuesto, es el momento de dejar claros unos cuantos conceptos geográficos. ¿Qué es un meridiano? ¿qué es el meridiano cero? ¿Por qué el meridiano 0 pasa por Greenwich? ¿qué es un huso horario?¿cómo se determina la hora oficial de un huso horario?
  • Los meridianos son las líneas imaginarias que sirven para calcular el huso horario y que corresponden con los semicírculos máximos del globo terrestre que pasan por los polos norte y sur. Existen, por tanto, infinitos meridianos.
  • Pero, sólo uno de ello es el meridiano de referencia, a partir del cual se miden las longitudes y las horas. Este meridiano es también conocido como meridiano cero, meridiano base, primer meridiano o más popularmente el meridiano de Greenwich.
  • En el siglo XIX, cada ciudad tenia su propia hora y cada país su propio meridiano de referencia. Debido al aumento del comercio internacional los gobiernos de las principales potencias se plantearon la necesidad de establecer un acuerdo con el fin de facilitar las comunicaciones ya que al aumentar la relación entre las naciones fue necesario coordinar la diferencia entre la hora oficial de los distintos países. En concreto, el nacimiento del tren como medio de comunicación rápido trajo como consecuencia la necesidad de ajustar la hora de las distintas paradas de su recorrido a un sistema de horario común y normalizado. 
  • En 1878 Sir Sanford Fleming, del Dominio de Canadá, propuso para medir el tiempo un sistema de zonas horarias que simplificaría el establecimiento de la hora a escala mundial, por el que la tierra se dividiría en 24 husos horarios, de 15 grados de longitud; y como la tierra realiza un giro completo cada 24 horas y existen 360 grados de longitud, cada hora equivalía a 15 grados de longitud, y a eso se le llamó un huso horario. Lo racional de esta propuesta llevó a varias naciones a establecer una hora común, que se llamó hora oficial.
  • Así, el meridiano fue adoptado como referencia en una conferencia internacional celebrada en 1884 en Washington, auspiciada por el presidente de los EE. UU., a la que asistieron delegados de 25 países. 
  • En dicha conferencia se adoptaron los siguientes acuerdos:
  • Es deseable adoptar un único meridiano de referencia que reemplace los numerosos existentes. Os recuerdo que hasta entonces, cada país tenía su propio meridiano de referencia, que solía coincidir con el de su capital política.
  • El meridiano que atraviesa el Observatorio de Greenwich será el meridiano inicial.
  • Las longitudes alrededor del globo al este y oeste se tomarán hasta los 180° desde el meridiano inicial.
  • Todos los países adoptarán el día universal.
  • El día universal comienza a medianoche (hora solar) en Greenwich, y tendrá una duración de 24 horas.
  • Así, el huso horario es cada una de las áreas en que se divide la Tierra conforme a esas 24 horas. Se llaman así porque tienen forma de huso de hilar, y están centrados en meridianos de una longitud que es un múltiplo de 15, que resulta de dividir los 360 grados de la circunferencia terrestre en dichas 24 horas.
    De este modo, la esfera terrestre se divide en veinticuatro husos horarios de quince grados de anchura, a cada uno de los cuales le corresponde, de forma correlativa y en sentido creciente de oeste a este, una de las veinticuatro horas en las que se divide el día. Aunque la Tierra, evidentemente, no rota a saltos sino de forma continua, este sistema mostró ser mucho más efectivo que el antiguo basado en las horas solares, o locales, según el cual cada población usaba la hora que le correspondía conforme a su propio meridiano.
    Todos los husos horarios se definen en relación con el denominado tiempo universal coordinado (UTC), huso horario centrado sobre el meridiano de Greenwich.
    Puesto que la Tierra gira de oeste a este, al pasar de un huso horario a otro en dirección este hay que sumar una hora. Por el contrario, al pasar de este a oeste hay que restar una hora. El meridiano de 180°, conocido como línea internacional de cambio de fecha, marca el cambio de día.


    Es claro que el dominio de los mares por la Inglaterra victoriana y la hegemonía de su dominio colonial en varias continentes fue la razón última de que se lograra imponer, en el seno de esa conferencia internacional celebrada en 1884 el meridiano de Greenwich, es decir, el de Londres, como meridiano cero a partir del cual se diseñaría todo el sistema de los husos horarios, el mismo que sigue vigente hoy en día. 

    A partir de este meridiano se marcaron los otros veintitrés a intervalos de quince grados, asignándole a cada uno de ellos la hora correspondiente. Puesto que a estos veinticuatro meridianos de referencia se les asignó por defecto el valor intermedio de sus respectivos husos horarios, las “fronteras” entre dos husos contiguos, que serían las que determinaran el cambio de una hora a la vecina, serían obviamente los meridianos intermedios entre los dos de referencia. Dicho con otras palabras, el huso horario del meridiano de Greenwich, o de cualquier otro, quedó definido en el intervalo comprendido entre el correspondiente a media hora antes (7,5 grados al este) y el de media hora después (7,5 grados al oeste).

    España y el huso horario

    Como ha quedado claro, la hora oficial es puramente convencional, no estando ligada estrictamente a la hora solar local (que depende de cada lugar), sino que pretende unificar la hora en un territorio dado. En una primera instancia, pudo corresponder a la hora solar local media de la capital de un país (en ocasiones, la de su observatorio astronómico) o de la ciudad principal de un territorio, en nuestro caso, Madrid.
    Incluso después de 1884, en España se mantuvo como referencia horario el meridiano de Madrid, excepto para la Armada que se rigió por el de San Fernando, hasta el primero de enero de 1901, en que se adoptó el tiempo solar medio del meridiano de Greenwich, que geográficamente le corresponde; curiosamente en las Islas Canarias no se aplicó la hora del huso 23, uno menos que en la Península y Baleares, hasta el 11 de febrero de 1922. 
    En 1912 se reunió en París la Conferencia Internacional de la Hora que aceptó el sistema de husos horarios propuesto en 1884. El meridiano que pasa por Greenwich divide en dos partes el huso 0; los restantes husos horarios se numeraron del 1 al 23, hacia el este con las horas de diferencia con el huso 0 como indica el número correspondiente. Esta hora fue llamada hora legal. 
    Así, la hora legal de todo el territorio nacional, Península y Archipiélago, fue la que se correspondía con su situación geográfica, excepto la parte occidental de Galicia, del meridiano de Mondoñedo hasta el mar, que aunque se encuentra en el huso 23, como Canarias, contó con la misma hora que el resto de la Península. 
    En 1940, tras el armisticio con Francia, Alemania llegaba hasta los Pirineos imponiendo su hora, la de Europa central, en las naciones ocupadas de la Europa occidental. 
    No obstante, en España ya se había adoptado este horario con anterioridad, por orden de 7 de marzo de 1940, de la Presidencia de Gobierno, por lo que se adelantó la hora legal en 60 minutos, la hora que se adelantaba era la hora oficial. Franco intentaba igualarla con la de los países del eje aliado durante la II Guerra Mundial (Alemania e Italia)

    El horario de verano
    El cambio de hora o la hora de verano se lleva practicando en España desde principios de siglo. Se adoptó por primera vez en 1918, por el RD de 3 de abril (GM de 4 de abril) “disponiendo que el día 15 del mes actual, y a las veintitrés horas, se adelante la hora legal en sesenta minutos, y que el día 6 de Octubre del corriente año se restablezca la hora normal.” La razón aducida fue la escasez de carbón provocada por la primera guerra mundial, que obligó a intensificar la producción y a reducir el consumo y, al mismo tiempo, armonizar el horario con el de los países vecinos.
    En el año 1919, terminada la guerra, se continuó con la hora de verano, atendiendo a la petición “de las Corporaciones y entidades representantes de los grandes intereses económicos nacionales”. No se adoptó en los años siguientes, reintroduciéndose durante la dictadura del general Miguel Primo de Rivera, en los años 1924 a 1929 exceptuando el año 1925. La justificación dada en 1924 fue el mantenimiento de tal medida por parte de “otras naciones ligadas a nosotros por una relación constante de intereses y vecindad”, tras la propuesta de la Sociedad de las Naciones de acordar un periodo común mundial.
    Los cambios de hora nunca han sido populares. De hecho, el horario de verano no se introdujo en 1930 por miedo a la inestabilidad política. Con la instauración del gobierno interino del general Dámaso Berenguer a principios de 1930, en lo que se calificó entonces de “dictablanda”, se publicó la RO de 27 de marzo (GM de 28 de marzo) en que se disponía la no modificación de la hora legal al estimar el Gobierno “que las actuales circunstancias del país aconsejan no introducir variación alguna en la hora normal durante este año.” Posiblemente este comentario se refiriera a la inestabilidad política, las  revueltas sociales y la crisis económica consecuencia de la fuerte caída de la bolsa estadounidense en el año anterior.
    Tras la dimisión de Berenguer y su gobierno el 14 de febrero de 1931, el almirante Juan Bautista Aznar ocupó la presidencia del gobierno, durante la cual se publicó la RO de 9 de marzo (GM de 11 de marzo) por la que se disponía que el 18 de abril se adelantara la hora. En la GM de 11 de abril se publicaron las consabidas instrucciones sobre el cambio de hora en el servicio de ferrocarriles. El resultado de las elecciones municipales celebradas el día siguiente supuso la caída del último gobierno del rey Alfonso XIII y la proclamación, el día 14, de la Segunda República Española. Al día siguiente, el gobierno provisional, “accediendo a numerosas peticiones formuladas por distintos sectores de la opinión pública” (GM de 16 de abril) anuló el cambio de hora previsto para el día 18.
    Durante la Guerra Civil, en los años 1937 y 1938 los dos bandos contendientes en la guerra civil española establecieron horarios de verano, aunque en distintos periodos. En 1938 el gobierno de la República incluso llegó a adelantar el horario de invierno en una hora, la primera vez que ello se hacía en España, con lo que aumentó la confusión de horarios en la península. La introducción de una hora adicional tuvo lugar a finales de abril y fue comunicada dos días antes, cuando ya estaba en vigor la hora de verano. Como consecuencia la hora oficial se adelantó en dos horas al TU. Hasta el fin de la guerra hubo dos horas oficiales en la península.
    En el periodo 1918-1938 los avisos de cambio de la hora oficial se realizaron con muy escasa antelación, de unas pocas semanas e, incluso, de días (por ejemplo, en 1929).
     La hora oficial en la década de 1940

    Tras la finalización de la guerra, la hora de verano se implantó entre los años 1939 y 1949, excepto en 1941, 1947 y 1948. Después, como en otros países europeos, dejó de adoptarse. 
    El cambio de hora adoptado en marzo de 1940 (O. de 7 de marzo, BOE de 8 de marzo) merece especial consideración. Está redactado como un típico adelanto de la hora oficial de verano, señalando que “oportunamente se señalará la fecha en que haya que restablecerse la hora normal.” Tal restablecimiento no tuvo lugar en otoño, como era habitual, ni ha tenido lugar desde entonces hasta la actualidad. En la práctica, supuso un cambio permanente de la hora oficial de España adoptando, sin decirlo y, posiblemente, sin planearlo, la del huso horario +1 para la península y las islas Baleares y la del huso horario 0 para las islas Canarias. 
    En 1941 no hubo ningún cambio de hora y en 1942 se reanudó la implantación de la hora de verano, argumentando “las ventajas que en los momentos actuales reporta, desde el punto de vista de una economía conveniente, que la duración de la jornada de trabajo se adapte lo más posible a la jornada solar”. Este fue el único argumento empleado en los años sucesivos, hasta 1946. Tras dos años sin adoptar la hora de verano, en 1949 se hizo de nuevo argumentando “la situación creada por la continuada sequía que, de manera tan sensible, afecta a los suministros de energía eléctrica”. Sin embargo, la hora de verano no volvería a adoptarse en España hasta la llegada de otra crisis mundial de carácter energético.
    A partir de 1974 se reinstauró en muchos países europeos como consecuencia de la crisis energética derivada del gran incremento de los precios del petróleo causado por el embargo iniciado en octubre de 1973 por algunos de los principales países productores. España reinstauró la hora de verano de forma urgente en 1974, Francia lo hizo en 1976 y Portugal en 1977.
    Entre dicho 1974 y 1987 se estableció en España la hora de verano, otra hora más de adelanto en coordinación con el resto de los países europeos, y a partir de 1988 se adoptan en España las sucesivas normas europeas, en especial la del Parlamento y la del Consejo Europeo de 19 de enero de 2001.
    La directiva europea señaló para aplicar la hora de verano el período del año durante el cual hora se adelanta en 60 minutos respecto al resto del año; cuando comienza, "1 hora del último domingo de marzo", y cuando termina, "1 hora del último domingo de octubre"; sin determinar la hora del resto del año, que cada nación fija como hora oficial.
    Así, a lo largo del año, la hora de invierno se aplica durante cinco meses frente a los siete meses que dura el horario de verano, sin estipular, fijar, ni determinar ninguna hora, solo añade y sustrae, por lo que sirve igual para Gran Bretaña, hora de Greenwich, como para Grecia, con dos horas de adelanto respecto a dicho meridiano de longitud 0.



    Problemas prácticos de esas decisiones políticas
    A la situación geográfica de España pertenece el huso horario cuyo eje pasa por Greenwich. Los horarios españoles están alterados por razones socio-políticas. Es necesario seguir un horario oficial común al resto de Europa por motivos económicos (Reino Unido, Portugal, Irlanda, países europeos como nosotros no lo ven tan claro). Pero ello va contra natura de nuestras costumbres ancestrales, originadas por nuestra  situación geográfica, SO de Europa, y el clima correspondiente. En consecuencia se nos considera fuera de norma y razón por los países del Centro y Oriente de Europa.

    Cuando Franco decidió en 1940 adelantar la hora peninsular no sospechaba que le estaba haciendo una considerable faena a sus vecinos de Ferrol: desde entonces los días de verano se prolongan hasta las 22:20 horas mientras que en invierno el sol no sale hasta pasadas las nueve de la mañana. 
    A España se le unieron la Francia ocupada, Reino Unido y Portugal, pero en 1945 los dos últimos países volvieron a su horario 'natural': el del meridiano de Greenwich. Francia y España, sin embargo, siguieron con una hora más.
    Distancia y hora, cambiadas
    De ahí surgieron incoherencias como que Finisterre tenga la misma hora que Varsovia, en plena Europa del este, pese a que las separan casi 2.500 kilómetros, mientras que tiene una hora más que Oporto, que está a apenas 200.

    Finisterre está, como la mayor parte de la península ibérica, en el huso horario de Londres (GMT, en inverno),el del meridiano de Greenwich, la línea imaginaria adoptada como referencia para los 24 husos horarios en la conferencia internacional celebrada en 1884 en Washington.
    Sin embargo, España tiene hasta ahora la hora propia del huso de Berlín (GMT+1), mucho más al este, que es el 'estándar' de Europa continental y que se extiende hasta países como Polonia, Hungría o Serbia.
    El dilema de las horas de sol
    La comunidad gallega es la más perjudicada al ser la más occidental de la península. Allí se lleva años demandando estar en la misma zona que Portugal ( y Canarias), algo que conseguiría si se acepta la propuesta del Congreso de cambiar la hora.
    En el otro lado, la zona más oriental de la península, fundamentalmente Cataluña y Baleares, se desviaría de su horario natural.
    En Barcelona, por ejemplo, un eventual cambio de hora haría que a las 16:22 horas fuese ya de noche en pleno invierno. En verano, amanecería antes de las 05:20 de la mañana.
    Más acusada sería la diferencia en el punto más oriental de Baleares, la isla de Menorca, donde en verano sería de día a las 05:15 horas y en invierno será de noche poco después de las cuatro de la tarde.
    Curiosamente, desde Canarias no se ha acogido demasiado bien esta petición. Su presidente, Paulino Rivero, ha subrayado que se perdería la coletilla "una hora menos en Canarias", que considera una especie de 'publicidad gratuita' para las islas.
    En realidad, la hora de Canarias tampoco corresponde a su huso, ya que tiene la hora de Londres pero está en el huso GMT -1, es decir, una menos. Así, si España cambiase su hora siguiendo ese criterio debería pasar lo propio con las islas, que pasarían a encontrarse en la misma zona horaria que Islandia, Cabo Verde y las Azores.
    Por cierto, parece oportuno aclarar la intervención del ministro canario José Manuel Soria al respecto.

    El meridiano de Greenwich no pasa por las Islas Canarias
    Parece evidente que el meridiano de Greenwich no pasa por las Islas Canarias ni siquiera por la Isla del Hierro. Sin embargo, el origen de la confusión del ministro se encuentra en que por ambas localidades han pasado el  meridiano cero o de referencia. Antiguamente la mayoría de las marinas de Europa continental usaban el meridiano de El Hierro, que pasaba por la Punta de Orchilla, al oeste de esta isla canaria. De hecho, a la Isla de El Hierro se le denomina “Isla del Meridiano” ya que durante siglos el meridiano cero estaba en El Hierro, más concretamente en dicha Punta de la Orchilla. Antes de descubrirse América, cuando la tierra era plana para sus habitantes, la isla de El Hierro era el extremo más occidental del mundo. Según parece fue Ptolomeo el que colocó el meridiano cero en Punta de la Orchilla. Ese sí que era entonces el “fin del mundo” aunque este nombre lo llevara y lleve otro lugar de la costa gallega.
    En el siglo segundo de nuestra era, Ptolomeo consideró como "meridiano cero" al que pasaba por el extremo occidental de la isla y así se mantuvo durante años. En 1634 el cardenal Richelieu reunió en París a matemáticos, astrónomos y demás hombres de saber para establecer un meridiano cero, de tal forma que sirviera de referente para todos los países. Se mantuvo la decisión de Ptolomeo y El Hierro siguió siendo el punto de referencia. Un decreto de Luis XIII determinaba que los franceses no atacarían barcos españoles al este de este Primer Meridiano, ni al norte del Trópico de Cáncer. Así permanecieron las cosas hasta que a finales del siglo XIX fue desplazado por el que pasa por Greenwich. Por cierto, como ya sabemos la conferencia internacional celebrada en Washington se produjo en 1884 y no en 1844, como dice el ministro.


    Conclusión
    No es comprensible que un país como el nuestro, con una luminosidad de nueve horas en invierno y de dieciséis en verano, adelante su horario dos horas y en parte del territorio tres durante siete meses al año, para conseguir un período mayor de luz diurna, cosa que se logra, pero con una mayor cantidad de horas de calor. En España más horas de luz son más horas de sol y, por consiguiente, más horas de calor. 

    El ahorro por familia que se logra en los siete meses de verano viene a ser de unos seis euros en iluminación, así se repite cada año en la prensa al cambiar la hora, pero no se contabiliza el consumo tan elevado de aire acondicionado, particular, comercial, de edificios públicos, y la contaminación térmica que generan los automóviles y el transporte público. 

    Cada uno puede pensar cómo nos afecta la vida que desarrollamos, el horario que seguimos, y reflexionar sobre estos cambios horarios tan largos e importantes, de siete meses de duración y dos horas de adelanto, cómo y cuánto pueden o no favorecernos.

    Otras curiosidades de la geopolítica del reloj
    Desde el establecimiento de la referencia de Greenwich los cambios de horario por razones políticas como el de 1940 han estado a la orden del día. Así, buena parte de los países de África y Oriente Medio están artificialmente más cerca del horario europeo pese a que le correspondería alguna hora más.
    Por ejemplo, Catar, situado a apenas unos kilómetros de Irán, tiene tan solo una hora más que España, pese a estar situada a hasta tres husos horarios de distancia.
    En América Latina se da un fenómeno parecido: el horario occidental de Brasil (GMT -3) es el que utilizan también Uruguay, Argentina y Chile, pese a que están uno o dos husos horarios al oeste.
    Argentina es un ejemplo de cambio constante de hora en este siglo: ha pasado de su hora natural (GMT -4) a su actual GMT -3 e incluso a GMT-2 para volver a la hora actual.
    El caso más radical de cambio de horario data de 2011. Samoa renunció a su horario vinculado a sus islas hermanas ( Samoa americana, a tan solo 120 kilómetros de distancia) y, de un golpe, se fue al otro extremo del espectro horario, ganando un día: pasó directamente del 29 al 31 de diciembre.
    En muchos casos estos cambios no obedecen solo a razones políticas, sino a la existencia de varios husos horarios naturales en un mismo país.
    Cuando un país está justo entre dos husos horarios algunos gobiernos han optado por una solución salomónica: crear su propia zona horaria en el punto medio, es decir, añadir media hora al huso horario anterior o quitarle media hora al posterior. Irán, Afganistán, India y Venezuela han optado por esta solución.
    Cada huso horario tiene quince grados de longitud, de forma que países muy extensos, como Rusia, tienen hasta ocho husos horarios solo en su parte continental.
    Si se tienen en cuenta las posesiones de ultramar, el país con más zonas horarias es Francia, con doce, seguida de cerca por Estados Unidos, con once.
    Antártida, con el tiempo 'congelado'
    Pero el récord absoluto de horas en un lugar lo tiene, aunque sea desde el punto de vista teórico, la Antártida, donde confluyen los 24 husos.
    Sin embargo, la realidad es más compleja aún: al ser un país deshabitado y sin ningún estado que lo administre, las zonas horarias están en función de las estaciones de investigación instaladas allí, que suelen adoptar la del país de origen de la base.
    El resultado es que hay hasta diez zonas horarias distintas, sin contar con el resto del continente que no es reclamado por ningún país y, por tanto, queda fuera del sistema Greenwich. Por eso, allí no rige ninguna hora oficial, aunque por convención se le adjudica el horario Greenwich, el que ahora podría adoptar España.