Escuela de pueblo en 1848 de Albert Anker (1896)

Escuela de pueblo en 1848 de Albert Anker (1896)
Escuela de pueblo en 1848 de Albert Anker (1896)

martes, 10 de diciembre de 2013

Trampantojo sobre la vida y la muerte

Comtemplad este pequeño lienzo de Bernardino Montañés Pérez que se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Huesca. En principio, nada llama la atención de este cuadrito tardorromántico (1891) un poco almibarado, salvo su título: Capricho que puede desconcertarnos.
Podemos observar que sobre un muro de sillares rectangulares se abre una ventana de arco semicircular, cuyas dovelas son también sillares más pequeños y resaltados, especialmente la clave del arco. Tras la repisa de la ventana se hallan dos niños. Él, a la izquierda, mira a la niña y acaricia con su mano la barbilla de ella, mientras apoya su antebrazo derecho en una maleta, en donde aparecen abreviadas las palabras vida y muerte. La niña, a la derecha, mira al espectador; en su mano derecha lleva un ramo y en su antebrazo izquierdo lleva un paño.A su lado asoma un rosal. Sobre la repisa de la ventana junto a la maleta, se alinean unos frutos, una botella y un frasco de cristal conteniendo líquido y un dado. Tras los pequeños, al fondo, y entre sus cabezas se observa un volcán, a la derecha unos cipreses y surcando el cielo una manada de pájaros bajo unas nubes. 
Pero si el cuadro se contempla desde lejos, en la parte correspondiente al vano se observa una calavera. Ésa es la trampa ante el ojo _trompe l'oeil_ alegórica. Se trata, por tanto, de un cuadro alegórico sobre la vida y la muerte en donde el autor juega con la apariencia y la realidad, y con los efectos visuales. 
Los niños, el humo que sale del cráter, el vuelo de los pájaros expresan la vida, enriquecida con la representación de los cinco sentidos: la vista - el niño mira a su hermana -; oido, la ñiña escucha a su hermano -; olfato - en el ramo de flores que ésta le acerca -, gusto - por las frutas y dulces que se alinean en la repisa de la ventana -, y el tacto por la mano del niño que acaricia la barbilla de la pequeña. Las nubes, los cipreses simbolizan la muerte, la maleta y las ramas de flores y rosas simbolizan la fugacidad de la vida. Unido además a la calavera que entornando los ojos vemos ne el vano de la ventana. 
Ahora, la anécdota. Dicen las malas lenguas oscenses que Bernardino estuvo prometido con una hermosa damisela, hija de su mecenas, que le dejó por un amigo. Bernardino, ¿nada rencoroso?, les regaló este bonito cuadro pintado de su propia mano como regalo de bodas con esta linda estampa de dos tiernos querubines. Pero no me negaréis que Bernardino tenía su punto de mala uva regalándole ese dardo envenenado a su desdeñosa y esquiva pretendida. Parece ser que la dedicatoria venía a decir: espero que vuestra vida juntos sea tan "feliz" como la que se muestra en la pintura" o  similar. ¡Vaya regalito! Nada es lo que parece.
Bernardino Montañés realizó cuatro pinturas sobre este mismo tema. En época barroca, Nicolás Poussin, Guercino o Valdés Leal ya trataron el tema de la vida y la muerte, pero plasmado con un iconografía bien distinta.

In ictu oculi

Et in Arcadia ego

Et in Arcadia ego